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Se fueron de gira

En pocos días dos referentes del mundo del espectáculo, y de amplia trascendencia en el mundo del rock, nos dejaron. Su legado fue clave para el rock y en esta nota lo destacamos.

Por: Pablo Tomati

La Parca nos lleva al otro barrio en diversos buses. Hay uno específico para los músicos, poetas, periodistas y tantas otras almas del pueblo del rock: es un bus negro ploteado con las imágenes del inquieto Eddie The Head de Iron Maiden, el ángel caído de Black Sabbath y la plateada calavera del anillo de Keith Richards.

Que semanita, esta que concluye, ¿no? En el ámbito local, se nos fue un grande del micrófono y la pluma: Tom Lupo. Muy perdido en el tiempo, entre tantas noticias y calamidades, había quedado el episodio discretamente comunicado de su terrible accidente automovilístico. Sabíamos a cuenta gotas que Tom jamás se había recuperado, desconocemos cómo sobrellevó ese ocaso, adivino que en una secreta y paciente espera de esa Parca que insólitamente, se toma su tiempo para los desahuciados pero resulta veloz para llevarse a los jóvenes.

Carlos “Tom Lupo” Galanternik, chaqueño de nacimiento, era un portento de cultura general, sabiduría e ingenio, un didáctico comunicador, un imprescindible de la palabra. Es correcto presentarlo como poeta, psicoanalista, periodista y conductor, en ese orden.

Del quehacer literario publicó dos libros: uno en 1979, firmado con su nombre real, titulado "Palabras para la esfigie", sobre poesía y psicoanálisis; y "Entre muebles y sombras", en 2004, con diversos escritos y pensamientos de su autoría. De sus numerosísimas intervenciones radiales la más recordada fue su activa participación en el programa “Submarino Amarillo”, de Radio del Plata, en los ochenta, con imperdibles móviles. Su último trabajo, cuando tuvo su encuentro con la desgracia, fue en Radio Nacional.

Richard Penniman, “Little Richard”, había nacido en Macom, Georgia, EE.UU, en diciembre de 1932. Un grito espontáneo que le surgió en pleno laburo, sobreexplotado por un dueño de estación de ómnibus (“Awap bob a lup bop a wop bam boom”) fue el disparador de su carrera: precedió los primeros sones de su primer hit: “Tutti Frutti” (1955), al cual le siguieron “Long Tall Sally” (Sally la Lunga) y Slippin´ and Slidin´; luego en sucesión los éxitos continuaron con “Ready Teddy”, “Rip it Up”, “Lucille”, “Kansas City”, “Good Golly Miss Molly”. Casi todas estas canciones mencionadas eran números obligados en los shows de los primigenios Beatles, y algunas integraron los primeros LP de la banda. Fue el primero en usar el piano como instrumento rockero, como muy pronto lo seguiría Jerry Lee Lewis en eso, y sus vocalizaciones e histrionismo inspiraron al soul y el funk, en referentes como James Brown.

Sí, en el negro bus de rock de la Parca que partió ayer, viajaron juntos “Ricardito” y Tom, asiento junto a asiento.

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